Soy de aquellos
hombres que viven sin madres
Y se tornan
solitarios al oír el hondo
Sonido
De un amanecer.
Soy quien deja
de lado los zumbidos de una teoría
Y le dice a su
volcán que ya las luciérnagas dejaron el nido
¿Quién soy yo,
para vivir sin madre?
Ella es amarga,
como relámpagos al
Final de una
carretera, - amarga,- como el amague de un
Hijo al beso de
una madre en la entrada de la escuela.
Soy, tu, cuando,
anoche discutiste con este hijo del sol
Mientras tus lágrimas
llenaban el mar de los recuerdos.
Las tinajas de
ropa sucia que
Nunca lavaste,
son duras fuerzas de clarividencia; y de eternidad, porque como decía Unamuno,
es mejor contemplar la belleza de la naranja antes de comerla.
Tu soledad era
Tan grande, que,
ningún hombre
Tenía la
capacidad del “príncipe”
Ni las monedas
azules para llenar ese
Abismo de noches
y dolores que
Habitaban en ti.
Te da conmoción
que tu hijo
No te haga halagos
mientras chancleteas la vida y lo que pudiste terminar en la oración del señor culminó
en un desastre.
Cuando dejaste
tu vida para
Direccionar los
volcanes y los mundos que iban en tu contra; y,
A pesar del duro
silencio que te carcomía por dentro
Te cansaste como
cualquier hongo
Que se cansa de
vivir en la suciedad y
Decide dejar que
la vida minúscula se apodere de los espacios y de las
Alegrías.
Recuerdo que te
ponías linda con esos polvos y todo ese rímel para ir a las fiestas y por fin
coquetear con aquel hombre
Que por supuesto
estaba casado y nada se pudo hacer. Pero tu dijiste que si…
Ya que todavía
luces con ese rímel aunque la fiesta ya se acabó; y los espacios son blancos
istmos en tu vida y la vida de los que han estado a tu lado en tus duros
momentos donde la soledad ha comido la postal.
He querido
decirte que tú me has conocido, sin yo
Abrir, estos
castillos feudales sin candados, que he olvidado en los sitios de reclusión
donde la niñez habitaba mi carne.
Las caricias y
besos han estado ausentes.
Lo sabes y gozas
con la dulzura de un conejo por
Los dolores en
tu espalda, no dejas nada a la imaginación.
Cuando
La imaginación
se acaba y los alimentos faltan.
Es cuando
Quieres seguir
bajo el régimen de las polillas que mantienen en secreto en el orden de la casa.
Decides no
luchar y dejar que el oasis del desierto llene las palabras rotas, las flores
rotas y todo lo que quiebre en directa
Disonancia con
la teoría del amor.
Mientras yo no
deseo verte ni aguantarte en ese
Universo de
fondos dolorosos que has formado.
Te digo, Gracias por dejarme vivir
Pero soy un
hombre con dedos
De faraón, donde
mis días de calendario milenario me dice
que la luna de
Ramsés, es, olores ocultos y se levanta
Con la de nefertiti;
tus palabras rotas me dejan aquí
¡Aquí en el valle de los muertos!
Donde están tus
penalidades y tus rostros que se
Debaten en las
desavenencias de sus dolores de una
Madre que quiere
a sus Hijos
Quien son la
luna a sus canciones y, quien sol a sus temores y odios.
Y solo deseaban
de ti, un universo abierto de amor.
