Acaso ningún escritor haya hecho tan conscientemente como
Nietzsche de su estilo, un arte de provocar la buena lectura, una más abierta
invitación a descifrar y obligación de interpretar, una más brillante capacidad
de arrastrar por el ritmo de la frase y, al mismo tiempo de frenar por el
asombro del contenido. Hay que considerar el humorismo con el que esta
escritura descarta como de pasada lo más firme y antiguamente establecido y se
detiene corrosiva e implacable en el detalle desapercibido: hay que aprender a
escuchar la factura musical de este pensamiento, la manera alusiva y enigmática
de anunciar un tema que sólo encontrará más adelante toda amplitud y la
necesidad de sus conexiones. Este estilo es la otra cara, el reverso de un
nítido concepto de la lectura, de un concepto que a medida
El maestro Estanislao Zuleta (el lector moderno/fragmentos)s)
sábado, 18 de febrero de 2012
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